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Ken Griffin advierte desde Davos: la deuda de los estados tiene límites

En el Foro Económico Mundial de Davos de 2026, Ken Griffin, fundador y CEO de Citadel, lanzó una advertencia que resonó con fuerza entre inversores y responsables políticos: el mercado de bonos está enviando una señal explícita. No se trata de una metáfora ni de un exceso retórico. Griffin se refería a un fenómeno muy concreto: cuando los Estados abusan de la deuda y pierden credibilidad fiscal, son los mercados —y en particular los inversores en bonos— quienes acaban imponiendo disciplina.

Perfil: Citadel

Fundada en 1990 por Kenneth C. Griffin, Citadel es una de las firmas de inversión alternativas más prominentes del mundo, operando como un fondo de cobertura global. Con sede en Miami, Florida, la compañía gestiona capital para una base diversificada de inversores institucionales. Citadel es conocida por su enfoque cuantitativo y su sofisticada infraestructura tecnológica, que le permite operar en una amplia gama de clases de activos a nivel mundial. En 2022, la firma recibió su primera inversión externa de capital minoritario de firmas como Sequoia y Paradigm, consolidando su posición como un gigante en la industria financiera. Puede seguir a la empresa en su sitio web oficial, LinkedIn y X (Twitter).

La referencia principal de Griffin fue Japón. Durante décadas, la deuda pública japonesa fue considerada un caso único, con ratios de deuda sobre PIB descomunales, tipos de interés ultrabajos y una base inversora doméstica aparentemente inquebrantable. Sin embargo, en los últimos meses el mercado de bonos japonés ha mostrado signos de tensión: ventas en el tramo largo, subidas de rentabilidad y una volatilidad inusual. Para Griffin, este episodio no es anecdótico, sino un anticipo de lo que puede ocurrir en otras economías avanzadas si continúan ignorando los límites fiscales.

El regreso de los “bond vigilantes”

Definición

Bond Vigilantes: Término utilizado para describir a los inversores en bonos que protestan contra políticas monetarias o fiscales que consideran perjudiciales. Su ‘protesta’ consiste en vender masivamente los bonos del gobierno en cuestión, lo que provoca una caída en su precio y un aumento de su rentabilidad (el tipo de interés que el gobierno debe pagar), encareciendo así la financiación del Estado y forzando un cambio de política.

El concepto no es nuevo. Durante años, muchos dieron por muerto este mecanismo, convencidos de que los bancos centrales podían neutralizarlo indefinidamente mediante compras masivas de deuda. La advertencia de Griffin va justo en la dirección contraria. Según su análisis, el mercado está empezando a cuestionar la idea de que la deuda soberana de las grandes economías es siempre segura y libre de riesgo. Cuando los déficits se cronifican y no existe un plan creíble de consolidación fiscal, incluso los países más poderosos pueden enfrentarse a un cambio de humor del mercado.

Estados Unidos ante el espejo japonés

Aunque Griffin evitó un tono alarmista directo sobre Estados Unidos, el mensaje fue transparente. El problema no es un default inmediato, sino algo más sutil y peligroso: una pérdida progresiva de confianza que obligue al Tesoro a pagar cada vez más por financiarse.

$38+ Billones
Deuda Pública de EE.UU.

Este escenario tiene implicaciones profundas. Un aumento sostenido de las rentabilidades de los bonos del Tesoro no solo eleva el coste de la deuda pública, sino que se filtra al conjunto de la economía: hipotecas más caras, crédito empresarial más restrictivo y menor margen fiscal para políticas anticíclicas. El bono deja de ser el ancla de estabilidad del sistema financiero para convertirse en un factor de riesgo.

El fin del “bono aburrido”: Si el mercado empieza a percibir que la seguridad de la deuda soberana ya no es automática, el equilibrio clásico de la cartera 60/40 pierde su sentido tradicional.

En ese contexto, no sorprende que muchos inversores busquen alternativas como materias primas, oro o incluso activos digitales como Bitcoin, percibidos como refugios frente a la expansión fiscal. El diagnóstico de Griffin refuerza la narrativa de que el sistema financiero está entrando en una fase de transición, donde las certezas del pasado ya no bastan.

Una advertencia política, no solo financiera

Más allá de los mercados, el mensaje tiene una lectura política clara. La disciplina fiscal no es solo una cuestión ideológica, sino un requisito funcional para mantener la soberanía económica. Cuando los gobiernos ignoran esta realidad, delegan de facto el control en los mercados. Griffin recordó episodios recientes, como la crisis de los bonos británicos, para subrayar que este castigo puede ser rápido e implacable.

Cronología: La crisis del ‘mini-presupuesto’ británico

Sept. 2022 El gobierno de Liz Truss anuncia un plan de recortes de impuestos masivos sin financiación clara, generando pánico en los mercados.
Fin Sept. 2022 La libra se desploma y la rentabilidad de los bonos británicos (gilts) se dispara, forzando una intervención de emergencia del Banco de Inglaterra.
Oct. 2022 El plan fiscal es revertido y la crisis política culmina con la dimisión de la Primera Ministra tras solo 44 días en el cargo.

Conclusión: La deuda también tiene límites

La advertencia de Ken Griffin no es una profecía apocalíptica, sino un recordatorio incómodo: la deuda pública no es gratuita ni infinita. El mercado de bonos, silencioso durante mucho tiempo, empieza a hablar de nuevo. Y cuando lo hace, conviene escuchar.

Para Estados Unidos y otras economías avanzadas, el mensaje es claro: o se recupera una narrativa creíble de sostenibilidad fiscal, o serán los bond vigilantes quienes escriban el próximo capítulo. Esta vez, sin pedir permiso.

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