El Congreso de Estados Unidos se enfrenta a una profunda paradoja: mientras sus miembros debaten intensamente sobre cómo regular la inteligencia artificial, sus propias oficinas y personal están adoptando rápidamente esa misma tecnología para el núcleo del trabajo legislativo.
Esta dualidad, donde el regulador se convierte en usuario pionero, plantea cuestiones fundamentales sobre la gobernanza, la transparencia y el futuro de la toma de decisiones en las más altas esferas del poder.
Adopción de IA en la Cámara de Representantes
6.000
licencias de Microsoft Copilot adquiridas
La IA se instala en el Capitolio
Según informes de The Washington Post, herramientas de IA generativa como ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic, Microsoft Copilot, Gemini de Google y Grok de xAI ya son parte del arsenal tecnológico en las oficinas del Congreso. Su uso abarca desde la redacción de discursos y la preparación de preguntas para audiencias, hasta la gestión de comunicaciones con los electores e incluso la asistencia en la elaboración de enmiendas legislativas.
La escala de esta adopción es significativa. La adquisición de 6.000 licencias de Microsoft Copilot por parte de la Cámara de Representantes es una clara señal de que la experimentación ha dado paso a una integración más sistémica. Diferentes oficinas están explorando activamente cómo la IA puede funcionar como un asistente de investigación, redacción y análisis, aumentando la eficiencia de sus equipos.
Un episodio, casi anecdótico, puso el fenómeno bajo el foco público: un empleado del Congreso incorporó una respuesta generada por Claude en un documento oficial, pero olvidó eliminar la firma del modelo: “Claude responded:”. Lo revelador del incidente no fue el error humano, sino la constatación de que utilizar IA para ese tipo de trabajo no estaba, en ese momento, explícitamente prohibido.
Perfil de Empresa: Microsoft
De la automatización de tareas a la participación en decisiones
La principal cuestión que emerge es dónde trazar la línea. Utilizar IA para resumir largos documentos, buscar precedentes legales o generar un primer borrador de un comunicado puede aumentar drásticamente la productividad. Sin embargo, emplearla para seleccionar argumentos políticos, formular preguntas incisivas para una audiencia o ayudar a redactar el texto de una enmienda se acerca peligrosamente al núcleo de la función legislativa.
Automatizar una tarea no es lo mismo que delegar una decisión.
A medida que la influencia de la IA en el resultado final crece, la trazabilidad y la supervisión humana se vuelven críticas. Además, surge una preocupación fundamental sobre la seguridad de la información: ¿qué datos se proporcionan a estos sistemas? Borradores legislativos, comunicaciones internas o información sensible no pública podrían ser utilizados por los modelos, con implicaciones desconocidas sobre la privacidad y la seguridad nacional.
Niveles de Delegación a la IA en el Proceso Legislativo
Resumen de Documentos (Bajo Riesgo)
Redacción de Discursos (Riesgo Moderado)
Análisis de Datos (Riesgo Moderado)
Elaboración de Enmiendas (Alto Riesgo)
Un desafío compartido con el sector privado
Lo que ocurre en Washington es un espejo de la realidad en innumerables organizaciones y empresas. La IA a menudo llega antes que las reglas internas. Los empleados la adoptan por su cuenta para mejorar su productividad y, para cuando la dirección intenta establecer una política de uso, la tecnología ya está profundamente integrada en los flujos de trabajo cotidianos.
Cronología: La IA llega al Congreso
- 1Noviembre 2022: OpenAI lanza ChatGPT, democratizando el acceso a la IA generativa a gran escala.
- 22023: Lanzamiento de modelos competidores como Claude (Anthropic) y Gemini (Google), expandiendo el ecosistema.
- 32024: La Cámara de Representantes de EE. UU. formaliza la adopción con la compra masiva de licencias de Microsoft Copilot.
- 4Presente: El Congreso debate activamente la regulación de la IA mientras la integra en sus procesos, evidenciando la necesidad de una gobernanza interna urgente.
Por tanto, la pregunta ya no es si se va a utilizar la inteligencia artificial en los trabajos de conocimiento. Eso es un hecho. Las preguntas cruciales son otras:
Preguntas Clave para la Gobernanza de la IA
- ¿Qué tareas estamos dispuestos a delegar por completo a un algoritmo?
- ¿Qué tipo de información sensible puede ser procesada por una IA externa?
- ¿Qué decisiones requieren, de forma ineludible, una intervención y supervisión humana cualificada?
- ¿Y quién asume la responsabilidad final por el resultado generado o influenciado por la IA?
La respuesta a esta última pregunta debe seguir siendo inequívoca: la responsabilidad no puede transferirse a un algoritmo. Cuando la inteligencia artificial evoluciona de ser un asistente para escribir un correo a ser una herramienta para escribir una ley, la gobernanza deja de ser un mero detalle tecnológico para convertirse en una pieza central de la propia arquitectura institucional.
Si incluso el Congreso de Estados Unidos está resolviendo este dilema sobre la marcha, es una señal clara para que todas las empresas y organizaciones comiencen a tener esta misma conversación de forma prioritaria.
Perfil: OpenAI
Del debate a la práctica: cumplimiento de IA en las empresas
Esta misma cuestión se está trasladando ya a las empresas. Incorporar herramientas de IA no consiste únicamente en elegir una tecnología: exige definir políticas internas de uso, determinar qué datos pueden introducirse en los sistemas, establecer mecanismos de supervisión humana y adaptar los procesos a las obligaciones regulatorias. Asesoramos a empresas tecnológicas en la implantación y cumplimiento del AI Act, desde la identificación de las obligaciones aplicables hasta la elaboración de políticas y protocolos internos de uso de inteligencia artificial.
Más información: Cumplimiento del AI Act para empresas tecnológicas
Ignacio Ferrer-Bonsoms, abogado digital, https://bacsociety.com/ especialista en tokenizaciones y criptoactivos.
