Tecnológicas:

Suscribir

El jaque de las stablecoins al sistema bancario: la fuga de depósitos que amenaza el crédito tradicional

Durante años, el discurso oficial ha sido que las stablecoins eran un fenómeno marginal, útil para pagos internacionales o mercados cripto, pero incapaz de alterar el núcleo del sistema financiero. Ese relato se ha quebrado definitivamente. Primero fue la gran banca sistémica; ahora es la banca minorista organizada quien levanta la mano. El mensaje es claro: si las stablecoins pueden ofrecer interés, el modelo bancario tradicional entra en crisis estructural.

El aviso más llamativo llegó desde Bank of America. Su consejero delegado, Brian Moynihan, reconoció públicamente que una cifra colosal podría salir del sistema bancario estadounidense si los ciudadanos optaran por mantener su dinero en stablecoins con rendimiento. No se trata de una hipótesis extrema, sino de un escenario basado en estudios del Tesoro de EE. UU.

$6 Billones
Depósitos en riesgo según Bank of America

Pero lo verdaderamente revelador no es que lo diga un gigante bancario. Es que la banca comunitaria, tradicionalmente protegida y políticamente influyente, ha llegado a la misma conclusión.

El diagnóstico de la banca minorista: 850.000 millones en riesgo

La Independent Community Bankers of America (ICBA) ha publicado un análisis demoledor: permitir que las stablecoins de pago ofrezcan intereses reduciría el crédito de los bancos comunitarios en una cifra masiva. El motivo es sencillo: la base de depósitos que alimenta el préstamo local desaparecería progresivamente.

$850.000 Millones
Reducción de crédito para bancos comunitarios

El lenguaje ya no es técnico ni prudente. La ICBA advierte directamente de una “fuga de depósitos” capaz de destruir el mercado de crédito minorista. Es una confesión involuntaria de dependencia: sin depósitos cautivos, el sistema no funciona.

Perfil: Independent Community Bankers of America (ICBA)

La ICBA es la principal organización y asociación comercial de Estados Unidos que representa a los bancos comunitarios del país. Fundada en 1930, su misión es crear y promover un entorno en el que los bancos comunitarios prosperen. Con sede en Washington, D.C., la ICBA actúa como un poderoso lobby que defiende los intereses de miles de bancos locales frente a los reguladores y legisladores, asegurando que sus voces sean escuchadas en el debate sobre la política financiera nacional.

El verdadero núcleo del problema: la competencia por el pasivo

Ni Bank of America ni la ICBA hablan de fraude, volatilidad o riesgo tecnológico. Hablan de intereses. El conflicto no está en la seguridad de las stablecoins, sino en su capacidad para competir por el pasivo bancario, es decir, por el ahorro de los ciudadanos.

Durante décadas, los bancos han operado bajo una ventaja estructural: los depósitos no se remuneran o se remuneran mínimamente. Esa anomalía solo era sostenible porque no existía una alternativa funcional. Las stablecoins cambian eso.

Estos nuevos instrumentos financieros ofrecen custodia directa, liquidez permanente y acceso a rendimientos vinculados a activos soberanos sin necesidad de intermediación bancaria clásica. Si el ciudadano puede mantener dólares digitales y capturar parte del rendimiento que hoy se queda el banco, el incentivo económico se vuelve obvio. No es ideología. Es aritmética.

Regulación defensiva, no neutral

Este contexto permite entender mejor la ofensiva regulatoria contra las stablecoins con rendimiento. Las restricciones no buscan únicamente proteger al consumidor ni garantizar la estabilidad financiera. Buscan preservar el modelo de negocio bancario.

Prohibir el pago de intereses, imponer requisitos de custodia bancaria o limitar el uso de reservas son formas indirectas de evitar la competencia. No se regula para integrar la innovación, sino para neutralizar su impacto estructural. La paradoja es evidente: se argumenta que las stablecoins “ponen en riesgo el crédito”, cuando en realidad lo que hacen es revelar que el crédito depende de una distorsión previa, la captación forzosa de depósitos no remunerados.

No es una crisis bancaria, es algo más profundo

Este fenómeno no se parece a una crisis financiera clásica. No hay pánico, ni colas en los bancos, ni colapsos súbitos. Es una desintermediación silenciosa y voluntaria. El dinero no huye por miedo, sino por eficiencia.

Eso lo hace mucho más difícil de combatir. No se puede frenar con garantías públicas ni con rescates. Solo se puede frenar eliminando la alternativa o haciéndola menos atractiva por ley. El trasfondo es político y jurídico: las stablecoins introducen una forma de jurisdicción monetaria paralela, donde el acceso al dinero, su custodia y su rendimiento no dependen exclusivamente del sistema bancario nacional. No sustituyen al Estado, pero sí erosionan el monopolio bancario sobre la intermediación del dinero.

Por eso la reacción no es accidental. La banca ha entendido que el riesgo no es Bitcoin ni la volatilidad, sino el dólar digital privado con rendimiento.

Conclusión

Cuando el CEO de uno de los mayores bancos del mundo y la principal asociación de bancos comunitarios coinciden en el diagnóstico, el mensaje es inequívoco: el sistema bancario es vulnerable a la competencia real. Las stablecoins no están “rompiendo” el sistema. Están exponiendo sus dependencias ocultas. Si permitir que el dinero rinda fuera del banco amenaza con vaciar los depósitos, el problema no es la tecnología, sino el modelo.

La gran pregunta ya no es si las stablecoins deben regularse, sino hasta qué punto la regulación puede impedir que una alternativa objetivamente mejor sea adoptada por los ciudadanos. Y esa es una batalla que no se libra en los mercados, sino en el terreno del poder.

spot_img
Activar Notificaciones OK No gracias