Durante años, las stablecoins fueron tratadas por la banca tradicional como una anomalía marginal: útiles para traders, sospechosas para reguladores y, en todo caso, irrelevantes para el sistema financiero global. Ese relato acaba de romperse desde dentro. El consejero delegado de Bank of America, Brian Moynihan, ha lanzado una advertencia tan clara como incómoda: una cifra masiva de capital podría salir del sistema bancario estadounidense y desplazarse hacia las stablecoins.
No se trata de una cifra inflada ni de un escenario extremo. Moynihan se apoya en estudios del Tesoro estadounidense y en un supuesto muy concreto: si las stablecoins pudieran ofrecer rendimiento de forma libre y generalizada, una parte sustancial de los depósitos bancarios se volvería estructuralmente prescindible. La banca, por primera vez, reconoce públicamente el riesgo de desintermediación masiva.
El verdadero problema no es la volatilidad, sino el modelo
Durante décadas, el negocio bancario ha descansado sobre una premisa simple: los depósitos son estables, cautivos y baratos. El ciudadano deposita su dinero, el banco lo utiliza como base para crédito e inversión, y a cambio ofrece seguridad y rendimientos mínimos. Este equilibrio solo funciona mientras el depositante no tenga una alternativa funcional.
Concepto Clave
Una Stablecoin es un tipo de criptomoneda diseñada para mantener un valor estable, generalmente anclado a un activo de reserva como el dólar estadounidense (1:1). A diferencia de criptomonedas volátiles como Bitcoin, su objetivo es funcionar como un medio de intercambio y depósito de valor digital y fiable.
Las stablecoins introducen precisamente eso: una alternativa voluntaria, líquida y programable. No prometen riqueza instantánea ni eliminan el riesgo por completo, pero sí alteran la ecuación básica. Un dólar tokenizado, respaldado por activos líquidos y con acceso directo a instrumentos de renta fija, rompe la dependencia estructural del banco como intermediario necesario. El temor de la banca no es tanto la tecnología, sino el incentivo económico.
Por qué el rendimiento es la línea roja
La advertencia de Moynihan es reveladora por lo que dice y por lo que omite. El riesgo no es que existan stablecoins, sino que ofrezcan rendimiento (yield). Mientras se limiten a ser medios de pago o instrumentos neutrales, su impacto es manejable. El problema surge cuando empiezan a competir directamente con los depósitos.
Si el usuario puede mantener dólares digitales con liquidez inmediata y obtener rendimiento fuera del sistema bancario tradicional, el coste de oportunidad de mantener depósitos se vuelve evidente.
Aquí se entiende mejor la intensidad regulatoria. Las limitaciones al rendimiento, los requisitos de custodia, las reservas obligatorias o la imposibilidad de remunerar saldos no son detalles técnicos: son mecanismos defensivos para preservar el núcleo del sistema bancario. La regulación no busca solo estabilidad; busca evitar una migración racional del ahorro.
Desintermediación silenciosa, no crisis
Lo interesante de este escenario es que no requiere pánico ni colapso financiero. No es una “bank run” clásica. Es una salida ordenada y voluntaria, impulsada por la eficiencia. El dinero no huye por miedo, sino por conveniencia. Y eso lo convierte en un fenómeno mucho más difícil de contener.
A diferencia de las crisis bancarias tradicionales, aquí no hay un villano evidente ni un evento detonante. Hay simplemente una comparación: ¿por qué mantener depósitos no remunerados cuando existen alternativas digitales con mayor control y potencial rendimiento?
Perfil: Bank of America
Bank of America Corporation es una de las instituciones financieras más grandes del mundo, con sede en Charlotte, Carolina del Norte. Fundado en 1998 a través de la fusión de BankAmerica y NationsBank (cuyos orígenes se remontan a 1904), se ha consolidado como un gigante en la banca comercial, la gestión de patrimonios y la banca de inversión. Como empresa pública, sus principales inversores son grandes gestoras de fondos como Berkshire Hathaway, Vanguard Group y BlackRock. Su valoración bursátil supera los 300 mil millones de dólares, reflejando su papel central en el sistema financiero global.
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Soberanía y jurisdicción monetaria
Este debate no es solo financiero. Es jurídico y político. Las stablecoins introducen una forma de jurisdicción monetaria de facto, donde el acceso, la custodia y la circulación del dinero dejan de depender exclusivamente del marco bancario nacional. En este contexto, la reacción de los Estados es previsible: intentar absorber o reconducir el fenómeno. De ahí el auge de los proyectos de monedas digitales de banco central (CBDC) y los esfuerzos por encajar las stablecoins dentro del perímetro regulatorio clásico.
Concepto Clave
Una CBDC (Central Bank Digital Currency) es la versión digital de la moneda fiduciaria de un país (como el dólar o el euro), emitida y respaldada directamente por el banco central. A diferencia de las stablecoins privadas, una CBDC sería una obligación directa del Estado.
Sin embargo, la advertencia de Bank of America muestra que el problema no está resuelto: incluso reguladas, las stablecoins pueden alterar profundamente el sistema.
Cronología de la Amenaza Stablecoin
| 2014 | Lanzamiento de Tether (USDT), la primera stablecoin en alcanzar una escala masiva, sentando las bases del mercado. |
| 2020 | El «Verano DeFi» impulsa la adopción de stablecoins como pilar fundamental de las finanzas descentralizadas. |
| 2022 | El colapso de la stablecoin algorítmica Terra/UST provoca pérdidas millonarias y acelera la urgencia regulatoria a nivel global. |
| Ahora | El CEO de Bank of America reconoce el riesgo sistémico, marcando un punto de inflexión en la percepción de la banca tradicional. |
Cuando el sistema admite su vulnerabilidad
Que sea el CEO de uno de los mayores bancos del mundo quien reconozca este riesgo es significativo. No es una proclama ideológica ni un manifiesto cripto. Es un diagnóstico interno. La banca entiende que su monopolio sobre el dinero bancario ya no es incuestionable. El dato clave no es la cifra de 6 billones, sino el reconocimiento implícito de que el poder bancario depende de la ausencia de alternativas mejores. Cuando estas aparecen, el sistema deja de ser incuestionable y pasa a ser competitivo.
Conclusión: De la periferia al centro del debate
Las stablecoins ya no son un experimento periférico. Son una infraestructura financiera emergente que obliga a la banca a mirarse al espejo. Si una parte significativa de los depósitos puede migrar sin fricción hacia sistemas digitales alternativos, el problema no es tecnológico ni regulatorio: es estructural.
La pregunta ya no es si las stablecoins crecerán, sino hasta qué punto el sistema bancario podrá adaptarse sin perder su papel central. Cuando el riesgo no es el colapso, sino la irrelevancia progresiva, el debate entra en una nueva fase. Y esta vez, la advertencia no viene de fuera, sino desde el corazón del sistema.
