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Varda Space Industries: la revolución de la fabricación en el espacio ya está aquí

Cuando Will Bruey, CEO de Varda Space Industries, habla del futuro, los plazos son sorprendentemente cortos. Predice que en 10 años, será común observar cada noche naves espaciales reingresando a la atmósfera como estrellas fugaces, cada una transportando productos farmacéuticos fabricados en órbita. En 15 o 20 años, afirma, será más económico enviar a un trabajador a la órbita durante un mes que mantenerlo en la Tierra.

Esta confianza no es infundada. Bruey fue testigo de cómo proyecciones ambiciosas se convertían en realidad durante su etapa como ingeniero en SpaceX (LinkedIn, X). «Recuerdo trabajar en el tercer vuelo del Falcon 9», comentó recientemente. «Si alguien me hubiera hablado entonces de cohetes reutilizables y de una cadencia de vuelos similar a la de un aeropuerto, habría pensado en un plazo de 15 a 20 años. Esto se siente al mismo nivel de futurista».

Perfil: Varda Space Industries

Fundada en 2020 por Will Bruey, Delian Asparouhov y Daniel Marshall, Varda Space Industries está construyendo la primera infraestructura industrial en el espacio. Con sede en El Segundo, California, la compañía se especializa en la fabricación de productos de alto valor, como productos farmacéuticos, en condiciones de microgravedad para luego devolverlos a la Tierra. Su modelo de negocio se basa en aprovechar las propiedades únicas del entorno espacial para crear materiales y formulaciones imposibles de replicar en nuestro planeta.

Varda ha recaudado más de 145 millones de dólares de inversores de primer nivel como Founders Fund, Khosla Ventures, Lux Capital y General Catalyst. Su visión es crear un ciclo económico sostenible que reduzca drásticamente los costes de lanzamiento y abra la órbita a nuevas industrias.

El primer paso: Fármacos desde el espacio

Varda ya ha demostrado su concepto central. En febrero de 2024, tras una odisea regulatoria de meses, la compañía se convirtió en la tercera entidad privada, junto a SpaceX y Boeing, en traer un objeto desde la órbita: cristales de ritonavir, un medicamento contra el VIH. Este hito se logró con su cápsula W-1, una nave cónica de 90 cm de ancho y menos de 90 kg de peso.

< 90 kg
Peso de la Cápsula W-1

Mach 25+
Velocidad de Reentrada

$210B
Mercado Potencial (Biológicos)

Estas cápsulas se lanzan a bordo de misiones de SpaceX y se alojan en un satélite de Rocket Lab (LinkedIn, X), que proporciona energía y comunicaciones en órbita. Una vez completado el proceso de fabricación, que puede durar semanas o meses, la cápsula se desprende y reingresa a la atmósfera a más de 30.000 km/h, protegida por un escudo térmico desarrollado por la NASA.

Concepto Clave: Microgravedad

En la microgravedad, fuerzas como la sedimentación desaparecen, permitiendo un control preciso sobre la cristalización. Esto posibilita la creación de cristales con tamaños uniformes o nuevas estructuras moleculares (polimorfos), lo que se traduce en medicamentos con mayor estabilidad, pureza y vida útil.

Bruey insiste en que Varda no está «en la industria espacial, sino en la industria en el espacio». El espacio es simplemente una nueva localización para la producción. «Imaginen un horno con controles de temperatura y presión. Nosotros simplemente añadimos un ‘control de gravedad'», explica. La compañía no descubre nuevos fármacos, sino que mejora las formulaciones de medicamentos ya aprobados, una línea de investigación que gigantes como Bristol Myers Squibb y Merck han explorado en la Estación Espacial Internacional.

La Teoría de los Siete Dominós

El modelo de negocio de Varda se basa en lo que Bruey llama la «teoría de los siete dominós», una estrategia para crear un ciclo virtuoso que transforme la economía espacial.

El Plan de Varda

A diferencia de las empresas de satélites que realizan una inversión de capital inicial, el modelo de Varda requiere lanzamientos constantes para cada ciclo de producción. Una mayor demanda de fármacos implica más lanzamientos, creando una demanda predecible y escalable que incentivará la reducción de costes en toda la industria.

Los primeros dos dominós (cohetes reutilizables y la capacidad de fabricar y devolver fármacos) ya han caído. El tercero es llevar un fármaco a ensayos clínicos, lo que generaría una necesidad de lanzamientos perpetuos. El cuarto dominó es el ciclo de retroalimentación: a medida que Varda escala, los costes de lanzamiento bajan, haciendo viables nuevos productos. Este ciclo, según Bruey, «hará que los costes de lanzamiento se hundan», beneficiando a otras industrias como la de semiconductores, fibra óptica y materiales exóticos.

Una Experiencia Cercana a la Muerte Regulatoria

El camino no ha sido fácil. La primera misión de Varda casi termina en desastre antes de empezar. Tras el lanzamiento en junio de 2023, la cápsula W-1 completó su producción de cristales de ritonavir en pocas semanas, pero permaneció varada en órbita durante ocho meses.

Cronología Clave de la Misión W-1

Junio 2023 Lanzamiento de la cápsula W-1 a bordo de un Falcon 9 de SpaceX.
Julio 2023 Finaliza con éxito la fabricación de cristales de ritonavir en órbita.
Feb. 2024 Tras meses de retrasos, la cápsula aterriza con éxito en el Campo de Pruebas y Entrenamiento de Utah.

El problema no fue técnico, sino burocrático. Varda no conseguía la aprobación para aterrizar en el Campo de Pruebas y Entrenamiento de Utah, una instalación militar. La FAA había animado a Varda a lanzarse sin la licencia de reentrada finalizada para fomentar la industria, pero la falta de un proceso establecido entre la FAA y el campo militar creó un limbo regulatorio. Cada vez que una misión militar tenía prioridad, la ventana de aterrizaje de Varda se cancelaba, invalidando su licencia y obligando a reiniciar el proceso.

A pesar de la incertidumbre, Bruey decidió perseverar. «O traspasas los límites de la regulación para crear este futuro, o no lo haces», afirmó. Finalmente, en febrero de 2024, la W-1 aterrizó, convirtiéndose en la primera nave comercial en hacerlo en un campo de pruebas militar bajo el nuevo marco de licencia Parte 450 de la FAA.

Un Negocio Secundario: Pruebas Hipersónicas

La necesidad agudizó el ingenio, y Varda ha desarrollado un lucrativo negocio secundario: las pruebas hipersónicas. Muy pocos objetos viajan a Mach 25, y el entorno a esas velocidades (con temperaturas extremas y plasma) es imposible de replicar en la Tierra. La Fuerza Aérea y otras agencias de defensa necesitan probar materiales y sensores en estas condiciones.

Varda ofrece una solución. Sus cápsulas ya realizan reentradas a Mach 25, convirtiéndose en plataformas de prueba ideales a una fracción del coste de un vuelo de prueba dedicado. La compañía ya ha realizado experimentos para el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, validando su cápsula como un «túnel de viento» hipersónico.

Con una sólida base de inversores y un plan claro, Varda está contratando activamente biólogos estructurales y científicos para abordar moléculas más complejas, como los anticuerpos monoclonales, un mercado de 210 mil millones de dólares. Si la visión de Will Bruey se cumple, el futuro de la fabricación industrial no está en la Tierra, sino sobre ella.

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