Durante años se repitió que la minería de Bitcoin era una actividad marginal, contaminante o propia de entusiastas tecnológicos. Esa narrativa ya no se sostiene. En 2026, la minería de Bitcoin es una infraestructura estratégica, comparable a puertos, oleoductos o centros de datos. No es casualidad que los países con mayor peso minero coincidan con aquellos que entienden la relación directa entre energía, soberanía y poder monetario.
Bitcoin no se mina donde hay ideología, sino donde la energía es abundante, el marco jurídico es tolerable y el capital puede escalar. Esa simple ecuación explica el mapa actual del hashrate mundial.
Concepto Clave: Hashrate
El hashrate, o tasa de hash, es la unidad de medida de la potencia de procesamiento de la red Bitcoin. Representa la velocidad a la que un dispositivo de minería puede realizar operaciones de hash para resolver el complejo acertijo matemático que valida las transacciones y crea nuevos bloques. Un hashrate más alto indica una mayor seguridad y robustez de la red, ya que dificulta exponencialmente la posibilidad de un ataque.
Estados Unidos: de enemigo a epicentro
Tras la prohibición china de 2021, Estados Unidos no solo absorbió el hashrate expulsado, sino que lo industrializó. Hoy concentra una porción dominante de la potencia de minado global. Texas se ha convertido en el núcleo mundial de la minería gracias a un mercado eléctrico flexible, abundancia de gas, renovables y una visión política pragmática: convertir un problema energético en una oportunidad económica.
Empresas cotizadas como Marathon Digital Holdings (LinkedIn, X), Riot Platforms (LinkedIn, X) o Core Scientific (LinkedIn, X) operan ya como auténticas utilities digitales. No solo minan Bitcoin: estabilizan redes eléctricas, monetizan excedentes energéticos y atraen capital institucional. La minería se ha integrado en la política industrial estadounidense, aunque el discurso público siga siendo ambiguo.
Perfil: Marathon Digital Holdings
Fundada en 2010 y con sede en Fort Lauderdale, Florida, Marathon Digital Holdings es una de las mayores empresas de minería de Bitcoin del mundo que cotizan en bolsa (NASDAQ: MARA). Liderada por su CEO Fred Thiel, la compañía se ha especializado en la construcción y operación de centros de minería a gran escala, enfocándose en la eficiencia energética y la sostenibilidad. Al ser una empresa pública, sus principales inversores incluyen gigantes institucionales como The Vanguard Group y BlackRock. Con una valoración de mercado que se cuenta en miles de millones de dólares, Marathon no solo representa un actor clave en la infraestructura de Bitcoin, sino también un puente entre el capital tradicional y el ecosistema de activos digitales.
China: prohibido, pero no desaparecido
China sigue siendo un actor relevante, aunque oficialmente niegue su participación. La minería no desapareció: se fragmentó, se volvió invisible y se desplazó hacia regiones con excedentes hidroeléctricos como Sichuan. Operaciones más pequeñas, conectadas vía VPN y sin visibilidad pública, mantienen un porcentaje significativo del hashrate.
Cronología Clave: El Gran Éxodo Minero
| Mayo 2021 | El gobierno chino intensifica las medidas enérgicas contra la minería de criptomonedas, citando preocupaciones energéticas y financieras. |
| Junio 2021 | Las principales provincias mineras, como Sichuan, ordenan el cierre de operaciones. El hashrate global de Bitcoin cae más de un 50%. |
| Julio 2021 | Comienza la migración masiva de mineros a jurisdicciones como Estados Unidos, Kazajistán y Rusia, en busca de energía barata y seguridad jurídica. |
Este fenómeno demuestra una verdad incómoda: Bitcoin es más resistente que la prohibición estatal. Cuando existe energía barata y necesidad de monetizarla, el minado reaparece. La diferencia es que ahora China ha perdido el control estratégico del sector.
Distribución Estimada del Hashrate Global
Rusia y Asia Central: energía y clima como ventaja competitiva
Rusia, especialmente Siberia, ofrece un ejemplo clásico de minería basada en ventajas naturales. Energía hidroeléctrica barata y temperaturas extremas reducen costes de refrigeración. El marco legal es difuso, pero tolerante. No hay integración institucional, pero sí una minería privada significativa.
Kazajistán, por su parte, fue el gran beneficiado inmediato del éxodo chino. Sin embargo, la falta de estabilidad política y las restricciones energéticas han limitado su crecimiento.
Lección Estratégica
La experiencia de Kazajistán es clara: la energía barata no basta sin una seguridad jurídica mínima para atraer y retener capital a largo plazo.
Europa del Norte: minería limpia, pero regulada
Islandia, Noruega y Canadá representan otro modelo: minería basada en renovables, estabilidad jurídica y capital internacional. Son destinos atractivos para fondos y empresas que buscan legitimidad ESG, aunque con márgenes más ajustados por presión regulatoria. Aquí la minería se concibe como infraestructura digital limpia, integrada en centros de datos y redes energéticas nacionales. No domina el hashrate global, pero sí el relato institucional.
América Latina: minería defensiva y silenciosa
En países como Argentina, la minería crece como respuesta a la inflación crónica y al control de capitales. No es minería institucional, sino defensiva: empresas y particulares que convierten energía desperdiciada en un activo global no confiscable. Es el ejemplo más puro de Bitcoin como herramienta de supervivencia monetaria.
Minería y Ley Digital Bitcoin
Desde la perspectiva del libro «Ley Digital Bitcoin», la minería no es un mero proceso técnico. Es el mecanismo que garantiza la neutralidad del sistema monetario. Donde se mina Bitcoin, se está aplicando una norma automática, previsible y no manipulable. No depende de bancos centrales ni de decisiones discrecionales. Por eso la minería se desplaza hacia jurisdicciones donde el poder entiende que controlar la energía es influir en el dinero, pero no necesariamente dominarlo. Estados Unidos lo ha comprendido mejor que nadie: no controla Bitcoin, pero alberga su infraestructura crítica.
Conclusión
La pregunta ya no es dónde se mina Bitcoin, sino qué países entienden que la minería es poder. No poder político directo, sino poder estructural: energético, monetario y jurídico. Bitcoin no necesita reconocimiento estatal para existir, pero los Estados que lo entienden se posicionan mejor en el nuevo orden monetario digital.
La minería es la frontera donde el mundo físico —energía, territorio, clima— se conecta con el derecho digital. Y esa frontera ya está redefiniendo la geopolítica del dinero.
Ignacio Ferrer-Bonsoms, abogado digital, https://bacsociety.com/
