Tecnológicas:

Suscribir

La acumulación silenciosa: cómo los estados se están convirtiendo en los nuevos ‘holders’ de Bitcoin

Durante años, Bitcoin fue presentado como un activo marginal, ajeno al poder público y reservado a comunidades tecnológicas o inversores privados. Sin embargo, esa narrativa ha quedado obsoleta. Hoy, los Estados no solo observan Bitcoin: algunos lo acumulan, otros lo confiscan, varios lo integran en su estrategia geopolítica y unos pocos lo adoptan como activo soberano. La acumulación estatal de Bitcoin se ha convertido en un indicador silencioso de cómo los gobiernos entienden el futuro del dinero, la soberanía y el poder monetario.

Puntos Clave

La narrativa de “Bitcoin contra los Estados” ha sido superada. Ahora estamos en la fase de Bitcoin dentro del Estado, ya sea por incautación, estrategia o supervivencia.

Ranking de Tenencias Estatales de Bitcoin

Aunque las cifras exactas son a menudo opacas y se basan en análisis de blockchain y anuncios públicos, el panorama actual muestra una clara jerarquía en la acumulación de Bitcoin por parte de los gobiernos. Las incautaciones judiciales son, con diferencia, la principal fuente de estas reservas.

Estados Unidos~215,000 BTC

China~194,000 BTC

Reino Unido~61,000 BTC

Ucrania~46,000 BTC

Estados Unidos: el mayor tenedor por accidente

Estados Unidos encabeza el ranking mundial de tenencia estatal de Bitcoin. No por una decisión política explícita, sino como consecuencia de incautaciones judiciales masivas vinculadas a delitos financieros, mercados ilícitos como Silk Road y cibercrimen. El Tesoro estadounidense, a través de agencias como el FBI y el IRS, controla cientos de miles de bitcoins. Paradójicamente, el país que más ha presionado regulatoriamente contra el ecosistema cripto es, de facto, el mayor “holder” estatal del mundo.

~215,000 BTC
Tenencia estimada de EE.UU.

Este hecho revela algo clave: incluso cuando un Estado no cree ideológicamente en Bitcoin, termina acumulándolo porque funciona. Es rastreable, confiscable y almacenable. Bitcoin ya es parte del balance soberano, aunque no figure oficialmente como reserva estratégica en el Departamento del Tesoro.

China: prohibición interna, acumulación externa

China ocupa el segundo lugar. Tras prohibir el trading y la minería doméstica, el Estado chino mantiene una cantidad significativa de bitcoins incautados en operaciones contra fraudes y plataformas ilegales, como el esquema Ponzi de PlusToken. China no reconoce a Bitcoin como activo monetario, pero tampoco lo liquida masivamente. En términos estratégicos, Bitcoin es para Pekín un activo geopolítico latente: no oficial, no ideológico, pero útil. Esta ambivalencia refleja una constante en los Estados fuertes: rechazo discursivo, pragmatismo operativo.

Reino Unido y Europa: custodia pasiva, sin doctrina monetaria

Reino Unido aparece entre los primeros puestos gracias a confiscaciones judiciales. El patrón se repite en varios países europeos: Bitcoin entra en manos del Estado no como política monetaria, sino como resultado del enforcement penal. El problema es que Europa, a diferencia de Estados Unidos, carece de una doctrina clara sobre qué hacer con estos activos. ¿Venderlos? ¿Custodiarlos? ¿Integrarlos en reservas? La respuesta, por ahora, es el silencio administrativo. Este vacío contrasta con la sofisticación regulatoria europea. Se regula el mercado, pero no se reflexiona sobre la acumulación soberana.

Ucrania: Bitcoin como infraestructura de supervivencia

Ucrania representa un caso radicalmente distinto. En el contexto de la guerra, Bitcoin se convirtió en una herramienta de financiación, donación internacional y resiliencia económica. Parte de las tenencias estatales ucranianas provienen de donaciones directas de la comunidad global, no de incautaciones. Aquí Bitcoin actúa como infraestructura monetaria de emergencia: sin intermediarios, sin fronteras y sin dependencia bancaria. Ucrania demuestra que Bitcoin no es solo reserva de valor, sino una red financiera operativa en situaciones límite.

El Salvador: Bitcoin como política de Estado

El Salvador es el caso más conocido y, probablemente, el más malinterpretado. A diferencia del resto, El Salvador compra Bitcoin en mercado abierto como parte de su política económica. No lo hace por confiscación ni por accidente, sino por decisión soberana. Bitcoin es activo de reserva, medio de pago legal y símbolo de independencia monetaria frente al dólar y los organismos multilaterales.

~5,700 BTC
Compras declaradas por El Salvador

Cronología Clave de El Salvador y Bitcoin

Junio 2021 El presidente Nayib Bukele anuncia la ‘Ley Bitcoin’ en la conferencia Bitcoin 2021.
Sept. 2021 La Ley Bitcoin entra en vigor, convirtiendo a Bitcoin en moneda de curso legal junto al dólar estadounidense. El gobierno realiza sus primeras compras.
2022-2023 El gobierno continúa con su estrategia de compra periódica (DCA), acumulando Bitcoin de forma constante.

Más allá del debate sobre resultados a corto plazo, El Salvador ha introducido una idea disruptiva: un Estado puede elegir Bitcoin como capa monetaria base.

Otros actores: de la estrategia energética a la evasión

Emiratos Árabes Unidos y Bután aparecen con tenencias más discretas pero estratégicamente relevantes. En el caso de Bután, la acumulación está vinculada directamente a minería estatal aprovechando excedentes de energía hidroeléctrica. Es un modelo poco discutido, pero extremadamente lógico: energía + minería = reserva monetaria soberana. Estos Estados no hacen ruido; acumulan sin ideología y sin propaganda.

En el otro extremo, Corea del Norte y Venezuela figuran también en la lista. En estos casos, Bitcoin aparece como herramienta de evasión del sistema financiero tradicional y de resistencia a sanciones internacionales. Aunque los métodos sean cuestionables, el hecho estructural es claro: Bitcoin funciona incluso en los márgenes del sistema internacional.

Conclusión: El Estado ya es un ‘Bitcoiner’

El ranking de tenencias estatales de Bitcoin revela varias verdades incómodas para la narrativa tradicional:

  • 1. Bitcoin ya es un activo estatal, aunque no siempre de forma voluntaria.
  • 2. Los Estados más poderosos lo acumulan por necesidad técnica (incautaciones), no por convicción ideológica.
  • 3. Los países pequeños o en crisis lo adoptan por supervivencia estratégica, no por especulación.
  • 4. La fase actual es la de Bitcoin dentro del Estado, no contra él.

La gran pregunta no es quién tiene más Bitcoin hoy, sino quién sabrá usarlo mejor mañana. Porque, a diferencia del oro o de las divisas, Bitcoin no depende de reconocimiento político: funciona igual para todos. Y eso, para un Estado, es tanto una amenaza como una oportunidad. Bitcoin no está esperando permiso. Tampoco está pidiendo adopción. Los Estados ya lo tienen. El debate es si lo entienden.

spot_img
Activar Notificaciones OK No gracias