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El dólar digital que burló las sanciones: el caso de Tether en Venezuela

Las sanciones económicas internacionales impuestas a Venezuela desde 2017, y endurecidas a partir de 2019, buscaban un objetivo claro: asfixiar financieramente al Estado venezolano, especialmente a su principal fuente de ingresos, el petróleo. El instrumento clave fue el bloqueo del acceso al sistema financiero internacional y al dólar estadounidense. Sin embargo, en un giro inesperado, una stablecoin privada —Tether (USDT)— terminó convirtiéndose en una vía alternativa para mantener flujos económicos esenciales.

Este fenómeno no solo revela la capacidad de adaptación de los Estados sancionados, sino también las limitaciones estructurales del régimen de sanciones en la era digital.

Cronología Clave del Bloqueo y la Alternativa Digital

2017 Se imponen las primeras sanciones económicas significativas contra el gobierno venezolano, limitando su acceso a los mercados de capitales.
2019 Las sanciones se endurecen drásticamente, apuntando directamente a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y bloqueando sus transacciones en dólares a través del sistema bancario internacional.
2020-2024 PDVSA comienza a utilizar Tether (USDT) de forma sistemática para cobrar las exportaciones de crudo, creando un canal financiero paralelo fuera del alcance del sistema SWIFT.

El problema de fondo: sanciones y colapso financiero

Las sanciones contra Venezuela afectaron directamente a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), impidiéndole realizar operaciones básicas para su supervivencia comercial:

  • Cobrar exportaciones en dólares mediante bancos internacionales.
  • Usar corresponsales bancarios para liquidar pagos.
  • Acceder a cuentas en el extranjero.
  • Financiar importaciones esenciales para su operativa.

En la práctica, Venezuela podía seguir vendiendo petróleo, pero no podía cobrarlo sin un riesgo inminente de congelación de fondos. El sistema financiero tradicional se convirtió en un cuello de botella absoluto.

La solución inesperada: el dólar sin bancos

En este contexto aparece Tether, la empresa emisora de USDT, una criptomoneda diseñada para replicar el valor del dólar estadounidense sin necesidad de utilizar bancos comerciales. Su atractivo para una entidad sancionada era evidente.

Concepto Clave: Stablecoin

Una stablecoin (moneda estable) es un tipo de criptomoneda cuyo valor está vinculado a un activo externo, como una moneda fiduciaria (ej. el dólar estadounidense) o un producto básico (ej. el oro). Su objetivo es minimizar la volatilidad de precios que caracteriza a criptomonedas como Bitcoin. USDT, emitida por Tether, es la stablecoin más grande del mundo y está diseñada para mantener una paridad 1:1 con el dólar estadounidense, ofreciendo una reserva de valor digital y un medio de intercambio estable.

Las características de USDT lo convirtieron en la herramienta ideal:

  • Se transfiere de forma peer-to-peer (entre pares) a través de la blockchain.
  • No requiere cuentas bancarias intermediarias.
  • Opera 24 horas al día, 7 días a la semana.
  • Puede liquidarse globalmente en cuestión de minutos.
  • Mantiene estabilidad de precio, un refugio crucial frente a monedas hiperinflacionarias como el bolívar.

Para un Estado aislado financieramente, USDT funcionó como un “dólar operativo” que no necesitaba pasar por el sistema sancionado.

Perfil: Tether

Fundada en 2014 por Brock Pierce, Reeve Collins y Craig Sellars, Tether Holdings Limited es la compañía detrás de USDT, la stablecoin más utilizada del mundo. Con sede operativa en las Islas Vírgenes Británicas, Tether se ha posicionado como un pilar fundamental del ecosistema de las criptomonedas al proporcionar liquidez y un puente estable entre las finanzas tradicionales y las digitales. Su modelo de negocio se basa en mantener reservas de activos (como efectivo, equivalentes de efectivo y otros activos financieros) que respaldan el valor de cada USDT en circulación, con una capitalización de mercado que supera los 100 mil millones de dólares. Aunque es una empresa privada y su estructura de propiedad no es pública, su influencia en el mercado global es innegable.

PDVSA y el cobro del petróleo en USDT

A partir de 2020, y con mayor intensidad entre 2022 y 2024, PDVSA comenzó a aceptar pagos en USDT por sus exportaciones de crudo. El esquema, simplificado, funcionaba así:

  1. El comprador internacional adquiría USDT en mercados secundarios.
  2. El pago se realizaba directamente a wallets (billeteras digitales) controladas por intermediarios que trabajaban con el Estado venezolano.
  3. Los fondos se redistribuían o convertían según las necesidades operativas del país.

De este modo, el dinero nunca entraba en el sistema bancario tradicional, evitando bloqueos automáticos, alertas de cumplimiento normativo o congelaciones de fondos. Algunos analistas estimaron que una parte mayoritaria de los ingresos petroleros venezolanos llegó a liquidarse en stablecoins, principalmente USDT, durante ciertos períodos.

No solo petróleo: un ecosistema paralelo

El uso de Tether no se limitó al comercio exterior. En un país con hiperinflación crónica y una pérdida total de confianza en el bolívar, USDT comenzó a cumplir funciones monetarias internas, convirtiéndose en una moneda de facto para:

  • Reserva de valor para ciudadanos y empresas.
  • Medio de pago en transacciones informales y comerciales.
  • Envío y recepción de remesas.
  • Pago de salarios en sectores privados dolarizados.
  • Liquidación de pagos a proveedores de importaciones.

En la práctica, Venezuela desarrolló una economía dolarizada digitalmente, donde el dólar no circula en efectivo ni a través de bancos, sino a través de wallets de criptomonedas. Esto tuvo un efecto colateral relevante: el Estado toleró —e incluso incentivó indirectamente— el uso de USDT, aliviando tensiones sociales y manteniendo cierta actividad económica sin necesidad de reformar estructuralmente su sistema financiero.

Un precedente geopolítico

Venezuela demostró que el aislamiento financiero no equivale necesariamente al colapso económico total si existen alternativas digitales funcionales.

¿Evasión de sanciones o adaptación tecnológica?

Desde la perspectiva jurídica internacional, el caso venezolano plantea una cuestión incómoda: ¿usar USDT constituye una evasión de sanciones o simplemente una adaptación tecnológica a un sistema financiero excluyente? Las sanciones están diseñadas para operar sobre la infraestructura tradicional: bancos, cuentas, transferencias SWIFT y entidades reguladas. Pero USDT opera sobre infraestructura blockchain, un terreno que no fue concebido como objetivo directo de estos mecanismos. Esto revela un cambio de paradigma: las sanciones modernas fueron pensadas para un mundo bancario, no para un mundo de dinero programable y transferible sin intermediarios.

El límite del modelo: Tether también puede congelar fondos

El modelo venezolano no es perfecto ni ilimitado. A diferencia de activos completamente descentralizados como Bitcoin, Tether, como empresa centralizada, puede congelar direcciones si recibe órdenes judiciales o presiones regulatorias de jurisdicciones como Estados Unidos. De hecho, en varios momentos se reportaron bloqueos de fondos vinculados a operaciones venezolanas, demostrando que USDT no es completamente inmune al poder político y regulatorio occidental. Esto obliga a Venezuela a operar mediante estructuras fragmentadas, con múltiples intermediarios y una rotación constante de wallets, lo que aumenta la complejidad y el riesgo operativo.

Conclusión: sanciones del siglo XX frente a dinero del siglo XXI

El uso de Tether por parte de Venezuela no es una anécdota, sino una señal estructural. El dinero ha cambiado más rápido que el derecho internacional y la política de sanciones. Mientras los Estados sigan diseñando sanciones para un sistema bancario tradicional, las stablecoins seguirán abriendo grietas operativas, especialmente para países con recursos estratégicos como el petróleo. Venezuela no derrotó las sanciones, pero demostró sus límites. Y en ese proceso, convirtió a Tether en una de las piezas más incómodas del tablero geopolítico contemporáneo.

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