Estados Unidos tiene una constante histórica que rara vez falla: cuando un activo o territorio no puede ser derrotado por la fuerza, se adquiere a través del mercado. No es una metáfora ideológica, sino una arraigada estrategia de poder. Ocurrió con territorios, con materias primas estratégicas y con tecnología crítica. Ahora, esa misma lógica se está aplicando a Bitcoin.
La propuesta de comprar Groenlandia pudo parecer una excentricidad diplomática, pero en realidad era una manifestación pura de esta doctrina. Con Bitcoin, el movimiento es mucho más sutil y profundo.
Groenlandia no era una broma: era doctrina geopolítica
Cuando Washington mostró interés en comprar Groenlandia, la lógica subyacente era puramente estratégica, basada en el control de la posición geoestratégica, los recursos naturales y las futuras rutas comerciales. La lección era clara: no se invade, se compra. No se conquista, se integra. Este patrón se ha repetido a lo largo de la historia económica de EE. UU. en sectores como el petróleo, los ferrocarriles, las telecomunicaciones e internet. El poder no se ejerce solo con armas, sino con capital, mercados y normas. Bitcoin ha entrado oficialmente en esa misma categoría de activo estratégico.
Bitcoin no se podía prohibir, y Estados Unidos lo entendió
Durante años, Bitcoin fue percibido como una amenaza directa al sistema establecido: un sistema monetario no censurable, una infraestructura global sin un centro de control y, en esencia, dinero fuera del alcance del Estado. Sin embargo, los intentos de destruirlo resultaron inútiles. Prohibirlo era contraproducente y atacarlo frontalmente solo fortalecía su narrativa de resistencia.
La Nueva Estrategia
Si no puedes tumbarlo, cómpralo. Si no puedes controlarlo por decreto, intégralo en tu sistema financiero.
Ante esta realidad, Estados Unidos hizo lo que mejor sabe hacer: cambiar de estrategia y pasar de la confrontación a la absorción.
De enemigo a activo estratégico: una transformación pragmática
El giro no fue ideológico, sino puramente pragmático. La narrativa en torno a Bitcoin experimentó una metamorfosis radical, pasando de ser una «herramienta para criminales» a convertirse en una «reserva de valor alternativa», un «activo macro», una «cobertura frente a la inflación» y, finalmente, un «producto financiero institucional».
Cronología de la Integración
| 2013-2016 | Fase de hostilidad y escepticismo. Bitcoin es asociado principalmente con actividades ilícitas como el caso de Silk Road. |
| 2017 | Lanzamiento de los futuros de Bitcoin en la CME. El primer paso hacia la legitimación en los mercados financieros tradicionales. |
| 2020-2021 | Empresas como MicroStrategy y Tesla añaden Bitcoin a sus balances, normalizando su tenencia a nivel corporativo. |
| 2024 | Aprobación de los ETF de Bitcoin al contado, permitiendo la entrada masiva de capital institucional a través de gestoras como BlackRock. |
Con la llegada de los ETFs, la custodia regulada y la participación de gigantes financieros como BlackRock, Bitcoin dejó de ser un activo ajeno al sistema. Ahora circula dentro de él, canalizado, empaquetado y redistribuido. No se ha nacionalizado Bitcoin; se ha financiarizado.
Perfil: BlackRock, Inc.
BlackRock es el mayor gestor de activos del mundo, una fuerza dominante en las finanzas globales que ofrece servicios de inversión, asesoramiento y gestión de riesgos a clientes institucionales y minoristas. Su entrada en el mercado de Bitcoin a través de su ETF (IBIT) fue vista como un punto de inflexión para la legitimación del activo a nivel mundial.
- Sede: Nueva York, EE.UU.
- Fundación: 1988 por Larry Fink, Robert S. Kapito, Susan Wagner, entre otros.
- Activos Bajo Gestión (AUM): Más de 10 billones de dólares.
- Inversores Clave: The Vanguard Group, State Street Corporation, Bank of America.
- Web: Visitar sitio oficial
- Redes Sociales: LinkedIn, X (Twitter)
Dominar el mercado, no el activo
Aquí reside el matiz clave: Estados Unidos no necesita poseer todos los bitcoins. Le basta con dominar los puntos de acceso y control del mercado: la custodia, la liquidez, los productos financieros derivados y, sobre todo, la narrativa regulatoria. Cuando el acceso global a Bitcoin pasa por bancos estadounidenses, ETFs cotizados en EE. UU. y stablecoins ancladas al dólar, el control deja de ser técnico para volverse económico y jurídico. Bitcoin sigue siendo descentralizado en su protocolo, pero su mercado se está centralizando rápidamente.
Pilares del Control del Mercado
Minería, energía y territorio: el control de la infraestructura
El paralelismo se completa con el control de la infraestructura física. No es casual que Estados Unidos concentre una parte creciente del hashrate mundial. La combinación de energía barata, seguridad jurídica y acceso a capital institucional ha convertido al país en el principal destino para la minería de Bitcoin. Al igual que el oro o el petróleo, Bitcoin necesita territorio, energía e infraestructura, y EE. UU. ofrece los tres. No se extrae con soldados; se mina con incentivos económicos y regulatorios.
Conclusión: Bitcoin no ha escapado al imperio, el imperio ha entrado en él
Bitcoin nació como un sistema al margen del poder estatal, con un relato de resistencia, soberanía individual y desintermediación. El relato actual, sin embargo, habla de asignación de activos, gestión patrimonial y flujos institucionales. No es una traición, sino una fase histórica inevitable. Ningún sistema que alcanza escala global permanece fuera del radar del imperio dominante.
Estados Unidos no ha perdido la batalla contra Bitcoin. Ha hecho algo mucho más sofisticado: lo ha convertido en una pieza más de su arquitectura financiera global. La verdadera pregunta ya no es si Bitcoin sobrevivirá, sino quién controla el acceso, la liquidez y el marco legal del Bitcoin que usará el mundo. Y, como tantas otras veces en la historia, la respuesta apunta en la misma dirección.
