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La captura de blockchain: cómo la banca está redefiniendo una tecnología nacida para desintermediar

Blockchain nació como una tecnología de ruptura. No como una mejora incremental del sistema financiero existente, sino como una alternativa estructural: un conjunto de reglas técnicas que eliminaban intermediarios, reducían la discrecionalidad y devolvían al individuo el control sobre el dinero, los activos y, en última instancia, sobre las normas que rigen los intercambios económicos.

Sin embargo, quince años después del nacimiento de Bitcoin, el relato dominante ha cambiado. Ya no se habla de desintermediación, sino de integración. Y esa integración tiene un nombre claro: captura.

La Paradoja Central

Una tecnología creada para reducir el poder de los intermediarios está siendo utilizada para reforzarlo. Donde antes había opacidad, ahora hay trazabilidad controlada; donde había lentitud, ahora hay eficiencia sin soberanía del usuario.

La promesa original: Descentralización absoluta

La descentralización fue el principio fundacional. Redes abiertas, sin permisos, donde cualquiera podía participar como usuario, validador o desarrollador. El consenso sustituía a la autoridad. El código, a la norma interpretativa. La infraestructura no pertenecía a nadie y, precisamente por eso, podía servir a todos. Blockchain era una capa neutral, comparable a Internet en sus orígenes: abierta, global y resistente al control político o corporativo.

Cronología de una Transformación

2008 Publicación del whitepaper de Bitcoin por Satoshi Nakamoto, sentando las bases de la primera red descentralizada.
2015 Nacen proyectos como Ethereum, que expanden el uso de blockchain más allá del dinero, y surgen las primeras iniciativas de ‘blockchain corporativa’.
2020+ La narrativa de la ‘adopción institucional’ se consolida. Bancos y corporaciones lanzan proyectos de tokenización en redes privadas y permisionadas.

La reacción del sistema: De la hostilidad a la apropiación

Ese modelo, sin embargo, resultaba profundamente incómodo para el sistema financiero tradicional. No porque fuera técnicamente ineficiente, sino porque cuestionaba los pilares sobre los que se construye el poder bancario: la custodia, el control del acceso, la capacidad de bloquear transacciones y la intermediación obligatoria. La reacción inicial fue el rechazo. Después, la descalificación. Finalmente, una vez comprobado que no podía ser destruido, llegó el movimiento más sofisticado: apropiarse de la infraestructura sin asumir su filosofía.

Así emerge la llamada “blockchain corporativa”. Redes con permisos, validadores autorizados, gobernanza cerrada y reglas modificables por comités. Técnicamente usan estructuras inspiradas en blockchain, pero eliminan aquello que la hacía transformadora: la apertura y la resistencia al control.

Concepto Clave

Blockchain Corporativa: No son sistemas descentralizados, sino bases de datos distribuidas bajo mando institucional. El discurso habla de eficiencia y cumplimiento normativo, pero la realidad es la restauración del control centralizado que las redes públicas eliminaban.

La banca no ha adoptado blockchain; la ha redefinido a su medida. Tokenización, custodia institucional, settlement en tiempo real, identidad digital, trazabilidad. Conceptos que suenan innovadores, pero que, integrados en arquitecturas cerradas, reproducen exactamente el mismo esquema de poder de siempre. El usuario vuelve a ser dependiente. El acceso vuelve a ser condicionado. Las reglas vuelven a poder cambiarse sin consentimiento de quienes usan el sistema.

Dos modelos en colisión: Redes abiertas vs. Infraestructuras privadas

Esta captura no es accidental. Es estratégica. La historia económica demuestra que las infraestructuras críticas tienden a ser controladas por quienes concentran capital y capacidad regulatoria. El riesgo no es tecnológico, sino político y jurídico: que la narrativa de la “adopción institucional” oculte una recentralización aún más sofisticada que la anterior.

Frente a esta deriva, conviene distinguir con claridad dos modelos incompatibles:

Blockchains Abiertas (Descentralización)100%

Blockchains Corporativas (Control Centralizado)15%

El problema no es que existan soluciones empresariales basadas en blockchain. El problema es que se presenten como equivalentes, o incluso superiores, a las redes abiertas. No lo son. Cumplen funciones distintas y responden a intereses distintos. Confundirlas no es ingenuidad; es propaganda.

La batalla por las reglas del futuro

Este proceso plantea una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo un nuevo sistema financiero o simplemente digitalizando el antiguo? Si blockchain se convierte en una infraestructura controlada por bancos, grandes corporaciones y Estados, el resultado no será más libertad económica, sino un sistema aún más preciso en su capacidad de vigilancia y exclusión.

La verdadera innovación de blockchain no reside en la tokenización ni en el settlement instantáneo, sino en la posibilidad de crear normas automáticas, globales y resistentes a la manipulación. En ese sentido, las redes abiertas funcionan como auténticas leyes digitales: reglas que no dependen de la voluntad de un legislador ni de un regulador, sino de un consenso distribuido.

La captura bancaria de blockchain no es el final de la historia, pero sí una advertencia. La tecnología, por sí sola, no garantiza libertad. Sin una defensa activa de infraestructuras abiertas, la descentralización puede convertirse en un eslogan vacío mientras el control se perfecciona.

La pregunta ya no es si blockchain transformará el sistema financiero, sino quién escribirá sus reglas. Y, como siempre, quien controle la infraestructura controlará el poder.

Ignacio Ferrer-Bonsoms, abogado digital, https://bacsociety.com/

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