Durante años, la narrativa dominante ha sido clara: la banca tradicional observa la blockchain con cautela, experimenta en laboratorios internos y mantiene una prudente distancia frente a las criptomonedas. Sin embargo, cuando se analizan los datos reales de inversión, ese relato se desmorona. Las carteras de inversión en blockchain de los mayores bancos del mundo no muestran pruebas ni tanteos: muestran una convergencia estratégica.
Definición Clave
Los Global Systemically Important Banks (G-SIBs) son las entidades consideradas demasiado grandes, interconectadas y críticas como para caer sin provocar un colapso financiero global. La lista, elaborada por el Consejo de Estabilidad Financiera, incluye a gigantes como JPMorgan Chase, BNY Mellon, Citi, UBS, BNP Paribas, MUFG o Standard Chartered. No son actores marginales, sino el núcleo duro del sistema financiero mundial.
El patrón de inversión que cambia la narrativa
El mapa de inversiones reveladas entre 2023 y 2025 es elocuente por dos motivos. Primero, porque muestra volúmenes de capital significativos. Segundo, y más importante, porque evidencia un patrón claro: los mismos bancos están invirtiendo en las mismas capas de infraestructura blockchain. No hay dispersión caótica ni apuestas contradictorias. Hay nodos compartidos y funciones muy concretas.
Foco de Inversión de los G-SIBs en Blockchain
Cuando estas entidades invierten, no lo hacen por curiosidad. Lo hacen para definir estándares, asegurar posiciones estratégicas y reducir riesgos sistémicos futuros. Esto no es experimentación. Es alineamiento.
Convergencia, no innovación aislada
Cuando varios G-SIBs invierten de forma paralela en proveedores de custodia o infraestructuras de mercados de capitales basadas en DLT, el mensaje es claro: la blockchain se está convirtiendo en infraestructura financiera crítica.
Punto Clave
En finanzas, custodiar no es guardar; es determinar quién es titular, quién puede mover activos y bajo qué condiciones. Los bancos están trasladando su poder jurídico tradicional al nuevo entorno digital.
Lo mismo ocurre con la tokenización y el settlement. La inversión bancaria se concentra en tecnologías que permiten liquidaciones casi instantáneas, reducción del riesgo de contraparte y automatización mediante contratos inteligentes. Son mejoras estructurales del sistema financiero, no juguetes tecnológicos.
Perfil: JPMorgan Chase & Co.
JPMorgan Chase es uno de los líderes indiscutibles en la adopción de tecnología blockchain a nivel institucional. A través de su división Onyx, ha desarrollado una de las plataformas de blockchain privadas más avanzadas para pagos mayoristas y liquidación de activos digitales, como JPM Coin. Su enfoque no es especulativo, sino una profunda reingeniería de la infraestructura de los mercados de capitales para hacerla más eficiente, programable y segura. La firma es un claro ejemplo de cómo los G-SIBs están liderando la estandarización de esta tecnología.
- Sede: Nueva York, EE. UU.
- Fundación: 2000 (fusión de J.P. Morgan & Co. y Chase Manhattan Corporation)
- CEO: Jamie Dimon
- Activos Totales: ~$3.9 billones (a 2023)
- Web: Visitar sitio oficial | LinkedIn | X
El silencio estratégico de la banca
Paradójicamente, cuanto más profunda es esta integración, más discreto es el discurso público. Los bancos siguen marcando distancias retóricas con “las criptomonedas”, mientras adoptan sin complejos la arquitectura blockchain que las hace posibles. Esta ambigüedad no es casual. Reconocer abiertamente la dependencia estratégica de blockchain implicaría admitir que el sistema financiero está mutando de base tecnológica y normativa. Y eso abre debates incómodos: soberanía monetaria, control regulatorio y competencia con infraestructuras públicas.
Blockchain como capa del sistema, no como alternativa
La evidencia desmonta la idea de blockchain como un sistema “paralelo”. Para los G-SIBs, blockchain no es una alternativa al sistema financiero: es su próxima capa operativa. Una capa más eficiente, programable y, sobre todo, compatible con el control institucional. Por eso la banca no apuesta mayoritariamente por redes abiertas sin filtros, sino por soluciones que permiten identidad, permisos y cumplimiento normativo integrados. La descentralización radical no es el objetivo; la eficiencia bajo control, sí.
El nuevo riesgo sistémico es digital
Hay un último elemento que este patrón de inversión deja entrever: la concentración de riesgo. Si los mismos bancos dependen de las mismas infraestructuras blockchain, el riesgo sistémico no desaparece; se digitaliza. Un fallo técnico, un problema de gobernanza o una vulnerabilidad jurídica en estas capas podría tener efectos en cascada.
La diferencia es que ahora el riesgo no está solo en balances y derivados, sino en código, estándares y protocolos.
Un cambio que ya ha ocurrido
El gran error sería pensar que este es un debate de futuro. No lo es. La convergencia ya está en marcha. Los G-SIBs ya han elegido blockchain como base tecnológica de la próxima generación financiera, aunque sigan evitando decirlo en voz alta. Muchos de estos procesos —incluidas las inversiones bancarias en infraestructura blockchain, custodia digital y tokenización— han sido analizados en el libro Ley Digital Bitcoin, donde se plantea que estas tecnologías funcionan, de facto, como nuevas leyes digitales de Internet.
La pregunta ya no es si la banca adoptará blockchain. La pregunta es bajo qué reglas, quién las escribe y quién las controla. Y a juzgar por los datos, los bancos sistémicos no piensan quedarse al margen de esa decisión.
Ignacio Ferrer-Bonsoms, abogado digital, https://bacsociety.com/
